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    Economía

    La inversión extranjera bate récord en México, pero el brillo del nearshoring empieza a apagarse

    Llegaron 23.591 millones de dólares en un solo trimestre, cifra nunca vista. Y aun así, hay voces que advierten que la gran ola de relocalización no está siendo tan grande como se prometió.

    Por Redacción
    ·3 min de lectura
    Contenedores de carga apilados en un puerto
    Foto: James R. Tourtellotte · dominio público vía Wikimedia Commons

    México recibió 23.591 millones de dólares de inversión extranjera directa (IED) en el primer trimestre de 2026, la cifra más alta jamás registrada para un arranque de año y un 10,4% más que un año antes. Es un récord y merece leerse como tal. Pero, como casi siempre en economía, el titular esconde un matiz que conviene no perderse.

    Qué es la IED y por qué se celebra

    La inversión extranjera directa es dinero que empresas de fuera meten en el país para quedarse: fábricas, centros de distribución, ampliaciones. A diferencia del dinero "golondrino" que entra y sale de la bolsa en horas, la IED construye cosas, contrata gente y se queda años. Por eso un récord de IED se interpreta como un voto de confianza en el futuro del país.

    Y no es un dato aislado: 2025 ya había cerrado con una cifra récord de unos 41.000 millones de dólares, el quinto año consecutivo de máximos. Según UNCTAD, ese desempeño hizo que México subiera del puesto 11 al 10 entre los mayores receptores de inversión del mundo.

    El matiz: mucho reinvertido, menos nuevo

    Aquí es donde el análisis se separa del aplauso fácil. Una parte grande de esa IED récord no es dinero nuevo llegando de fuera, sino reinversión de utilidades: empresas que ya están en México y que reinvierten lo que ganan aquí. Eso es bueno —significa que a las empresas instaladas les va bien—, pero no es lo mismo que la gran ola de fábricas nuevas que la palabra nearshoring prometió.

    De hecho, más de la mitad de la IED que llega tiene motivación de nearshoring, y cerca del 40% de la nueva inversión manufacturera responde a esa estrategia de acercar la producción a los mercados de Norteamérica. Es mucho, pero varios análisis coinciden en que el fenómeno "pierde brillo": llega más despacio y con más cautela de lo que se anticipó, por los retos de siempre —energía, agua, seguridad jurídica e infraestructura—.

    Qué significa para el país

    El nearshoring sigue siendo la mayor oportunidad económica de México en una generación, y Banxico calcula que 2026 marca el inicio de su etapa de apogeo, una ventana que se extendería hasta 2030. Pero una ventana de oportunidad no se aprovecha sola. La diferencia entre un récord de reinversión y una transformación industrial real depende de si el país resuelve los cuellos de botella que hoy hacen que muchas empresas miren a México… y luego lo piensen dos veces.

    Este flujo de dólares, de paso, es una de las razones que ayudan a explicar por qué el peso se mantiene firme pese al entorno global adverso.

    Lo que todavía no sabemos

    No sabemos si el ritmo de inversión nueva —no reinvertida— se acelerará o si el nearshoring se quedará en una promesa a medio cumplir. Tampoco sabemos cómo pesará la política arancelaria y migratoria de Estados Unidos sobre las decisiones de las empresas. El récord es real; su continuidad, todavía una apuesta.

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    Fuentes y verificación