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    Economía

    La Fed mantuvo las tasas en 3,50%-3,75%, pero tres de sus miembros votaron por subirlas

    El comité dejó la tasa en 3,50%-3,75% con un voto de 9 contra 3. Lo relevante no es la decisión, que se esperaba, sino quiénes votaron en contra y hacia dónde: es el primer triple desacuerdo en la misma dirección desde 2016.

    Por Redacción
    ·7 min de lectura
    Miembros del Comité Federal de Mercado Abierto reunidos alrededor de la mesa en Washington
    Foto de archivo de una reunión del FOMC · Reserva Federal de EE. UU. · Dominio público vía Wikimedia Commons

    La Reserva Federal dejó su tasa de interés donde estaba: en el rango de 3,50% a 3,75%, por quinta reunión consecutiva. Era lo que esperaba la mayoría del mercado, y por sí solo no habría sido noticia. La noticia está en el recuento de votos.

    9 contra 3

    El comunicado oficial registra un voto de 9 a favor y 3 en contra. Los tres que votaron en contra —Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan, presidentes de los bancos regionales de Cleveland, Minneapolis y Dallas— no querían mantener la tasa. Querían subirla un cuarto de punto.

    Conviene explicar qué es un voto en contra en este contexto, porque no es lo mismo que en una votación cualquiera. En la Fed se llama disidencia, y es un gesto poco frecuente: los miembros del comité suelen cerrar filas alrededor de la decisión del presidente aunque no estén del todo convencidos. Disentir en público es una forma de dejar constancia de que uno cree que el comité se está equivocando.

    Que haya tres disidencias, y que las tres apunten en la misma dirección, es lo inusual. Según los recuentos de CNBC y otros medios financieros, no ocurría desde septiembre de 2016. Diez años.

    Por qué tres votos cambian el cálculo de septiembre

    Un disidente es un matiz. Tres disidentes coordinados son un bloque.

    La Fed decide por mayoría de un comité de doce votos. Pasar de una decisión de mantener a una de subir no requiere convencer a todo el mundo: requiere mover a dos o tres personas más. Con tres votos ya puestos del lado del alza, el umbral para la próxima reunión es notablemente más bajo que hace seis semanas.

    Hay un detalle que llamó la atención de los analistas: Kashkari. Durante años se le ubicó entre los miembros más partidarios de tasas bajas del comité. Que aparezca ahora votando por subir sugiere que la preocupación por la inflación se ha extendido más allá del grupo que ya se esperaba que estuviera incómodo.

    Esto no significa que en septiembre vaya a haber una subida. Significa que ha dejado de ser el escenario improbable que era en junio.

    Y el mercado ya lo reflejó. Tras el anuncio, las probabilidades implícitas en los futuros de fondos federales —lo que mide la herramienta FedWatch de CME— quedaron así para la reunión de septiembre:

    • 57,2% de probabilidad de una subida de un cuarto de punto
    • 41,9% de probabilidad de que la tasa no se mueva

    Es decir: el escenario más probable para la próxima reunión ya no es la quietud. Hace dos semanas, esa misma apuesta valía un 10,7%.

    Warsh: prudencia, pero sin tolerancia

    En la rueda de prensa posterior, Kevin Warsh defendió la decisión como "especialmente prudente en estos tiempos inciertos", y quiso desmontar la idea de que fuera una pausa cómoda: describió la reunión como una revisión económica a fondo y no un trámite, y aseguró que hubo amplio acuerdo en que el banco central tiene las herramientas para devolver los precios a la estabilidad.

    Repitió además la frase que ya le habíamos oído ante el Congreso: la Fed no tiene tolerancia con una inflación persistentemente elevada. Pero admitió también el límite de lo que puede hacer, y dijo que la inflación no se resuelve con una varita mágica.

    Lo que no hizo fue comprometerse con nada. Warsh ha hecho bandera de dar menos orientación futura que Jerome Powell, y esta reunión —la primera prueba real de esa postura— la mantuvo: no dio ninguna pista sobre septiembre. Con tres disidencias sobre la mesa, ese silencio dice bastante por sí solo.

    Lo que dice el comunicado

    El texto del comunicado, más allá del recuento de votos, reconoce la tensión que está detrás de todo esto:

    • La actividad económica se expande a paso sólido, con crecimiento de la productividad y de la inversión de capital descritos como fuertes.
    • El empleo aguanta: la creación de puestos ha ido a la par del crecimiento de la fuerza laboral y la tasa de desempleo apenas se ha movido.
    • Pero la inflación sigue elevada frente al objetivo del 2%, y el comunicado menciona explícitamente las interrupciones de suministro en energía.

    Esa última línea es la que conecta con todo lo demás. Una economía que crece bien, un empleo que no se deteriora y una inflación que no cede es, exactamente, la combinación que hace que un banco central se plantee apretar en vez de aflojar. Cuando la economía se está enfriando, un banco central tolera algo de inflación porque teme el desempleo. Cuando la economía va bien, esa excusa desaparece.

    El petróleo, otra vez

    En la nota que publicamos ayer sobre el vaivén de las apuestas, cerrábamos con una advertencia: una pausa en un conflicto no es un acuerdo de paz, y si los ataques entre Estados Unidos e Irán se reanudaban, la apuesta por una subida podía volver a dispararse en horas.

    Fue lo que pasó. El mismo día de la reunión se rompió el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán —la Guardia Revolucionaria lanzó misiles balísticos contra fuerzas estadounidenses y Donald Trump anunció represalias—, y el crudo se disparó en la jornada, deshaciendo buena parte de la caída que había tenido tras la tregua de la semana pasada.

    Según CNBC, el Brent cerró con una subida del 7,9%, en 90,74 dólares, y el WTI estadounidense un 6,6%, en 84,46. Conviene tomar el nivel exacto con pinzas: los distintos servicios de precios que consultamos dan cierres que no coinciden entre sí para esa jornada, con diferencias de varios dólares. Donde sí coinciden todos es en la magnitud del salto —cerca de un 8%— y en la causa.

    El detalle importa porque conecta las dos historias. La Fed acababa de decir que la inflación sigue elevada en parte por shocks de oferta en la energía. Horas después, la energía dio otro salto.

    Por qué esto importa para tu bolsillo

    La tasa de la Fed no es un número abstracto de Washington. Es el precio de referencia del dólar, y de ahí baja a casi todo lo demás:

    • Si la Fed sube, el dólar tiende a fortalecerse. Para quien vive en América Latina, eso presiona el tipo de cambio y encarece todo lo importado.
    • Los bancos centrales de la región no pueden ignorarla. Bajar tasas mientras la Fed las sube hace que el capital se vaya buscando el rendimiento en dólares. Es la tensión que ya explicamos en cómo leer dos bancos centrales que van en direcciones opuestas.
    • Banxico decide el 7 de agosto, y llega a esa reunión con los analistas partidos por la mitad. Un comité de la Fed que se inclina al alza no le facilita las cosas.

    Conviene separar el hecho de la interpretación. El hecho: la Fed mantuvo y tres miembros quisieron subir. La interpretación —que eso hace más probable un alza en septiembre— es razonable, pero es una lectura, no un anuncio.

    Lo que todavía no sabemos

    Bastante, y conviene decirlo con claridad.

    No sabemos si un 57% se convertirá en una subida. Cuatro de cada diez apuestas dicen lo contrario, y esa cifra ya demostró este mes que puede recorrer treinta puntos en una semana.

    No sabemos si las tres disidencias se sostendrán. Un voto en contra en julio no obliga a nada en septiembre. Los mismos tres podrían volver al redil si la inflación cede.

    No sabemos qué hará el petróleo. Es la variable que ha movido esta historia durante dos semanas en ambas direcciones, y depende de un conflicto, no de un modelo económico.

    La próxima reunión del comité concluye el 16 de septiembre. Entre hoy y esa fecha hay dos informes de inflación y dos de empleo. Ahí se decide.

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    Fuentes y verificación